Esto es un cuentito: Ámsterdam.

¿Qué hacer en Ámsterdam?Ámsterdam en dos días, ¿se puede? Ahora se los cuento…

Es apenas el tercer día en Europa, y ahora nos dirigimos a Ámsterdam, no conocemos ni una sola palabra en holandés, pero somos optimistas y sabemos que eso no representará ningún problema en un lugar tan turístico como ese.

Desde que comenzamos a recorrer el aeropuerto Schiphol, por cierto el más hipster que he visto, nos vemos rodeados de recuerditos de tulipanes, casitas y demás cositas inútiles que siento la necesidad de poseer. Es mi primer contacto con Ámsterdam, no me puedo dejar llevar, ¡ni siquiera he salido del aeropuerto!.

Llovía ligeramente así que en lo que ubicamos dónde debíamos tomar el autobús, taxi o lo que fuera que nos llevara al hotel nos mojamos un poco, y nos sentimos algo confundidos, pensando que los boletos se adquirían dentro del aeropuerto dimos un par de vueltas innecesarias, hasta que encontramos una casetita fuera del mismo donde por fin compramos nuestro boleto y tomamos un autobús lleno de turistas hablando idiomas que ni siquiera pude distinguir.

Mientras nos adentrábamos en la ciudad todo se ponía cada vez más raro, Ámsterdam no parece real, es como si entraras a una fantasía, una que no tienes idea a quién se le pudo ocurrir, las casitas angostas, los puentes, los canales que se van asomando, es algo surrealista.

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Nuestro hotel se encontraba frente a uno de los tantos canales de la ciudad, nos asignaron el cuarto del sótano, bajamos por unas escaleritas y pensé “Oh Dios va a ser un cuarto diminuto”, resultó ser una habitación muy amplia, con ventanales, golosinas y café gratis, además de 24 horas de cortesía para utilizar bicicletas en la ciudad, el personal fue muuuy amable y la verdad quedamos encantados con el servicio y las instalaciones.

Decidimos esperar a que dejara de llover para utilizar las bicicletas, nos aventuramos a pie en busca de alimento, moríaaamos de hambre y queríamos empezar a recorrer la ciudad lo antes posible, las callecitas se veían solas, llovía y pensamos que por eso no había tanta gente, resultó que simplemente nos faltaba seguir caminando para encontrarnos con la plaza Dam, ¡totalmente llena de gente, tienditas, restaurantes y completamente encantadora!

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Plaza Dam

Mientras más caminábamos más increíble nos parecía la ciudad, bicicletas por todos lados, una sensación de libertad, como si todo fuera bonito y nada malo pudiera pasar, excepto ser atropellado por una bicicleta, porque eso sí, ¡es la locura!, olvídate de tus preferencias para transitar como peatón o como conductor de un auto, en Ámsterdam las bicicletas mandan.

Eventualmente aprendimos que la acera se divide en el carril para peatones y en el carril para bicicletas, ¡cuidado de equivocarte!

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Hacía muuucho frío, el más intenso que experimentamos en todo el viaje, pero eso sólo volvía todo más mágico, es un buen pretexto para tomar todo el café posible, además de llenarte de energía, en Ámsterdam tienes que caminar y caminar, perderte en sus callecitas, con calma y sin prisas, y eso fue lo que hicimos.

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Amsterdam Centraal railway station

Al día siguiente, para nuestro primer desayuno en la ciudad fuimos a un restaurante que se encontraba cerca de nuestro hotel, De Vier Pilaren, se veía muy simpático y tenía un letrero que decía Pancakes, lo cual para mí quiere decir “Entra ahora”.

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De Vier Pilaren

Ordenamos los mentados pancakes, que de pancakes no tenían nada, era una especie de crepa enorme, muuuy buena, un cafecito y jugo de naranja, la comida estuvo súper rica, el lugar muy acogedor y típico holandés, y el servicio muy agradable, el sujeto que nos atendió hablaba un poco de español, había visitado México y como pudo nos contó que se había enamorado del chipotle, pero tristemente en Holanda, por más que había buscado no encontraba 😦

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Ya sin lluvia y con un poquito de sol  por delante nos lanzamos a seguir recorriendo la ciudad ahora en barco, partimos frente a la estación de trenes en un pequeño crucero que nos llevó por los canales y puentes y pudimos observar detenidamente la arquitectura tan de cuento, las casas móviles, los restaurantes, la gente, las bicicletas, los coffee shops, las florecitas. Una experiencia obligada si estás en Ámsterdam.

Más tarde nos animamos a usar la bicicleta, la actividad más extrema de todo el viaje, ¡es todo un reto! Supongo que es cuestión de agarrarle la onda a sus calles tan diminutas y sus reglas de tránsito. En general ves a los locales tranquilamente montando sus bicicletas como si nada, acostumbrados, cosa no muy fácil para los forasteros, o al menos no para mí, entre los caminos tan pequeños, donde no cabe un auto y una bici al mismo tiempo, es fácil sentir que te van a aplastar en cualquier momento. Con todo y el pánico (dramaqueen) resultó una actividad bastante divertida, puedes ver la ciudad desde otra perspectiva, y se disfruta mucho ser parte de la cultura local ¡como todo un holandés!.

Además nos permitió recorrer más cosas en mucho menos tiempo, aprovechamos para visitar el enorme letrero de I amsterdam, para la foto obligada, y los museos de Van Gogh,  Rijksmuseum y el museo Moco.

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También visitamos la casa de Ana Frank, no entramos porque había una fila inmensaaaa y no teníamos tanto tiempo, pero el simple hecho de visitar el lugar te deja una sensación como de melancolía, en mi siguiente visita muy seguramente me daré el tiempo para entrar.

Nunca había ido a un lugar como este, tal vez lo pueda comparar con un parque de Disney, así me sentía en cada rincón que recorría, como en una historia que nunca antes me habían contado, es un destino que recomiendo totalmente, ¡hasta su peculiar Barrio rojo tiene tanto encanto! Cosa que me pareció bastante loca ya que se trata de un conjunto de callecitas con escaparates con luz roja donde se exhiben de manera legal a las prostitutas de la ciudad, uno se imaginaría que sería un ambiente horrible, pero la realidad es que las calles están tan cuidadas y adornadas, repletas de tienditas y demás cositas que la verdad lo convierten en un sitio muuuy turístico.

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Barrio Rojo

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Eso sí, su cultura es definitivamente muy distinta a la nuestra, con sus Coffee shops por todos lados, donde a diferencia de las cafeterías se acude a consumir marihuana, también de manera legal, la realidad es que a pesar de ser tan liberales no se ve violencia o inseguridad por ningún lado, al contrario, es como si pudieras seguir recorriendo la ciudad toda la noche sin que nada pase.

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Yo me despido de esta ciudad totalmente enamorada, definitivamente quiero volver, me llevo un cachito de su encanto para guardármelo por siempre y le dejo mis guantes que perdí en el tranvía.

Tot ziens Amsterdam!

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5 respuestas a “Esto es un cuentito: Ámsterdam.

  1. Aww qué hermoso!! Me transportó todo tu relato 🙊👌☕️ Recuerdo nuestra charla a tu regreso del viaje, la chocoaventura en las bicis jajaja, definitivamente te pediré más tips cuando visite ese lugar 👌 Amé las fotos, ya me despertó mayor curiosidad. TQM mujer ❤️❤️🙌

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