Hoy no es viernes.

A veces me parece extraño cómo la gente se complica la existencia, cómo las cosas les pasan desapercibidas, no digo que yo ponga atención o recuerde cada cosa que me sucede, tengo casi la peor memoria de todas, pero la vida me ha enseñado una cosa, además de miles otras más, una cosa que no se me olvida desde hace un buen tiempo, y esa cosa es disfrutar el presente, disfrutar los planes futuros, disfrutar los buenos recuerdos, la familia, los amigos, la comida, el clima, el paisaje, la lluvia, el café, los obstáculos, lo que venga, porque todo eso es la vida misma. Disfrutar, a pesar de las cosas que no son tan lindas, disfrutar las que sí deben permanecer en nuestro recuerdo, las que se nos olvidan porque dejamos que las cosas que no nos gustan las opaquen de tal forma, que ya no las podemos siquiera distinguir.

Pensamos que sólo en lo bueno podemos ser felices, en lo fácil, en las vacaciones, en los viernes, o cuando todo mundo está de buenas, cuando todo nos resulta perfecto, y luego ¿qué? y cuando el café no está tan rico ¿no se puede?, cuando alguien te hace una mala cara, cuando se te rompe una uña, cuando llueve y la ciudad se inunda en cinco minutos, cuando se acaba el gas justo antes de preparar el desayuno, cuando te levantas tarde y llegas despeinada al trabajo, cuando te quedas horas en el tráfico; pequeñas situaciones que aplican un gramo de negatividad a tu día, cuando no debería ser así, deberían ser sólo eso, situaciones, cosas a las que uno como humano está expuesto, porque la vida es una combinación de todas esas cosas, una mezcla que a veces es difícil distinguir, y tal vez todo sería tan aburrido si saliera como esperamos, si todo fuera en verdad perfecto. Nadie lo es, sólo Dios, salvo que dudo que Él se aburra, y a veces vivimos esperando que todo resulte sin un ápice de variación de lo que imaginamos, cuando lo que realmente sucede, en el amplio mundo, va más allá de lo que somos capaces de imaginar.

Basta de limitar tu vida a los momentos perfectos, comienza a atesorar cada ordinario segundo de tu día, y de repente tendrás innumerables recuerdos extraordinarios, que aunque no distingas muy bien uno del otro, en resumen te convertirán en una persona agradecida y feliz con el aire que respira en ese mismo instante.

FIRMA-V


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